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07/11/2006
LLueve impersonal
Había una vez una niña, una bonita y pizpireta niña que destacaba sobre el resto por su alegría y desparpajo. Con mirada honesta y jovial, la niña repartía optimismo y mejores vibraciones que los Beach Boys, sin escudos, sin defensas, convencida de la utilidad de la Luz para el buen fin de las cosas, ella era así. Cuál caperucita techno, la niña llevaba con ella una simbólica y llamativa toalla roja en sus baños públicos ocasionales, a modo de bandera alegre, con la risa y el humor siempre a punto, haciendo juego con la prenda y con lo abierto de los días. Uno de ellos, sin más, la niña oscureció. Todos nos preocupamos por el cambio en la joven, a cuyo contagio vital ya nos habíamos acostumbrado y le preguntamos el porqué de su oscuridad. Ella, intentando sobreponerse, nos dijo que era por culpa de las nubes, al tiempo que su toalla roja caía al suelo. Enseguida identifiqué la prenda con la bandera de peligro y me figuré lo peor. Al paso de los días el brillo en mirada de la niña fue apagándose más y más, su actitud payasa se disolvió y sus convecinos notamos gravemente la falta en el reparto diario de energía. Ella sólo acertaba a replicar: "Es el cambio de tiempo, la lluvia, que me pone así". Yo nunca la creía, siempre recordando la pequeña toalla roja y su presagio, pero por si acaso, presto y vengativo, me dispose a recorrer la comarca con un palo grande en busca del culpable del nubarrón de la niña. No muy rápido caí en la cuenta de que estaba dando patadas al mar. ¿Quién llueve?, ¿a quién doy con el palo?. Tras descargar mi arsenal de blasfemias sobre los impersonales e inocentes verbos atmosféricos y llegado a la conclusión hace tiempo de que Dios no existe pero que algunos le sustituyen por raromórficos y abruptos seres, caí en una canción de Maikol en la que solucionaba estos conflictos sin ninguna verguenza: "Échale la culpa al woogie". No fue sino con una versión del copiota de Luis Miguel cuando por fin alcancé a adivinar la verdad, la mentira que me tranquilizaría: "No culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia, será que no me amas". La niña no aceptó nuestros ruegos y marchó a un lugar donde poder repartir la alegría que le sobraba. Mar de abrazos y lluvia de amor, niña. Que tú los repartas bien. Hey.12/11/2006
Las recomendaciones de Quint (Vol. 46)

14/11/2006
Nada por aquí

Soy un anormal que sueña todo el día
soy un día que se pasa de anormal
soy la cosa humana que tiene siete vidas
soy un caso aparte que aficciona del traspiés.
Soy ese traspiés que duerme de madrugada
un amanecer sórdido y ramplón
soy una ilusión con más de una caída
una caída con más de un tropezón.
Esto es un playback
no hay nada detrás
no dejes de cantar que no deja de sonar.
Soy un chavalillo que a veces ve a la Virgen
soy una virgen que se va con un chaval
soy el desastre que sube la escalera
soy la escalera que baja en ascensor.
Esto es un playback
no hay nada detrás
no dejes de cantar que no deja de sonar.
Hey! Estas son las noticias que tenemos
esta es la parte que podemos dar
sin callar.
Soy al que llaman todos el intermediario
soy el que a diario va de comprensión
soy los cuatro chistes que suenan en el móvil
soy la extremaunción
que juega al tiburón.
Esto es un playback
no hay nada detrás
no dejes de cantar que no deja de sonar.
20/11/2006
A tientas
Estoy exhausto. No puedo más. No puedo salir. Tanteo las tantas paredes que me voy encontrando, ciego, cansado, vapuleado. Mi cabeza se dispara en un millón de direcciones a la vez. La pérdida es dolorosa pero es más su no asimilación, no ser consciente de la deriva. Ahora vivo aquí y debería aceptarlo. Debería aceptar que vivo aquí, efectivamente y con todos los efectos, que este es mi hogar aunque me duelan las orejas de escuchar lo que nadie merece escuchar, en beneficio de los demás. Sé que hay una salida, he oído que los demás aventureros salieron todos porque no oigo a nadie más por aquí. El silencio es aterrador. Parece que tuvieron que aceptar ciertas alteraciones, ciertos sacrificios que, no siendo siempre suyos, supusieron una mutación, un cambio en ellos, una rendición para llegar a la salida. Yo aún resisto sin quererlo y mantengo una batalla que pierdo una y otra vez, que me tortura, me deja cada vez más débil. Es una batalla perdida que me alimenta por momentos, una luz que ilumina por segundos la causa que me encierra aquí pero que cuando se apaga me sumerge en una terrible desesperación, una derrota. Alcanzo cada esquina esperando que sea la última pero nunca lo es. Sigo buscando la luz, aunque a veces creo que cierro los ojos por si la encuentro. Sigo buscando la luz pero no sé si quiero. 23/11/2006
La vista atrás

Sólo era cuestión de tiempo. Todo era paulatino, casi imperceptible pero sin pausa, cada vez más grave, provocando el daño a su manera, causando la merma por la espalda, aparentando no ser grave. Yo no me daba cuenta, la verdad. Seguía con mis cosas, asumiendo, soportando, marcando mis tiempos, o los que creí que eran míos, dejando espacio, el mismo espacio que me empezó a faltar y que contemplé como normal hasta que un día me senté y sonó seco. Porque seco estaba, esa era la verdad, seco de atrás, seco del todo. Había perdido mi culo. Tenía las témporas y alguna cosa más pero no tenía culo. Me iban dejando lo mínimo, lo estrictamente funcional, lo que me permitiera seguir siendo clasificado dentro de los seres que evacúan. Me convertí en lo que una letrina es a un water, algo aliviado de todo adorno, de toda sensibilidad. Eso sólo fue el principio, la señal. Tuve que encerrarme, contemplar en solitario como iba perdiendo todo lo que, a ellos, les sobraba, todo lo que me impedía convertirme en un humano esencial. Ahí comenzó mi historia. Ahí acabó todo.
28/11/2006
Sin acabar

Un gran estruendo sonó cuando cayeron todas las fichas. Joshua no daba crédito. Todo el tiempo que le había llevado su construcción, siendo cuidadoso en formas, gestos y expresiones, de todo tipo, respetando cuando fue capaz las influencias, dando tiempo a que el pasado tuviera su lugar en el museo pero esperanzado con las nuevas propuestas que él ofrecía. Desesperanza en su mirada hacia cada pedazo de emoción puesta en cada pedazo de su construcción. No hubo manera. Ni sus optimistas palabras hacia lo que estaba por llegar sirvieron para nada. ¿Los motivos?. Los motivos sólo sirvieron para enriquecer la postura de Joshua hacia la misión. Casi por un segundo pensó en recoger los pedazos y obligar a una nueva consideración simplemente de las ruinas, confiado en lo poderoso de sólo un atisbo. La pena pudo con él. Quizás en otro momento. Quizás en otro lugar.

