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el factor dorsal

El Macho Fluorescente

El Macho Fluorescente

O es porque han decidido quitarlas con muy mala leche, o es porque se han roto y pasan de reponerlas. El caso es que en los extremos de muchos de los vagones de la línea 1 de Metro de Madrid (la azul clarito) ya no hay barra horizontal de extremo a extremo de su techo para que los usuarios sujeten los bamboleos del trayecto. Esto obliga a los viajantes en horas punta a hacer equilibrios surfistas, a arrimar las cebolletas sin baja intención o, a los más altos y afortunados, a apoyarse en el mismo techo y alrededores.

Esto hice yo, mientras tensaba la palma de mi mano contra un lateral alto y mostraba, sonrisa en ristre, a las señoritas usuarias mi habilidad sensual. Una que se vio eclipsada de golpe cuando en la estación amarilla (también clarito) de Menéndez Pelayo entró un tipo súbitamente mejor.

Como sabrán, el techo de estos vagones se estructura en una suerte de jaulas tras las que se esconden los fluorescentes que iluminan la estancia entre estaciones. El elemento entrante era, indudablemente, un ser de corte del este de Europa (en adelante Macho): pelo corto y algo blanquecino por el temple, ojos claros, pómulos enrojecidos por el licor y manos grandes. Al contemplar la situación antes denunciada y frente al bamboleo del arranque del vehículo, Macho decidió elevar su zarpa y, al no encontrar cobijo civilizado para ella, no dudó en introducirla fácilmente entre los barrotes para asirse. Fue el último segundo en el que mi grácil figura mantuvo algo de atención de las damas subterráneas.

Macho se hizo con sus ojos pues, sin inmutarse, se agarraba tras los barrotes marrones... al fluorescente ardiente y... lo apagaba al separarlo de su conexión. Así dejaba a oscuras esa parte del vagón y en misterioso contraluz su rotunda figura. A su antojo, separaba sus big dedos y volvía a hacer la luz, revelándose de nuevo ante las nenas y sus separadores de libros.

Mi parada llegó pronto y mientras me apeaba derrotado e invisible, contemplé cómo el vagón seguía su camino, luz on, luz off.

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11 comentarios

quint -

Que majete...

HAN -

Un viaje genial, pienso repetir¡¡¡ Espero que en mi próxima visita a la pérfida Albión le incluya a usted entre los acompañantes. Por cierto, traemos regalitos, en cuanto desparezcan las mesnadas de primos de Olmedo que ocupan mi hogar habrá que quedar para hacer las entregas.

quint -

Ahhh, eso es lo que tiene ser una chiquinina sesi!!

zlicia -

¡Por fin la democracia ha llegado al metro!! Ahora todos tenemos los mismos problemas (aunque yo ya estoy acostumbrada y surfeo muy bien...)

quint -

Hola, Han! es usté un criminal, entonces! nos tiene que contar de sus viajes, no se olvide!!

HAN -

Los machoeslavos esos están a sueldo (incluidas dietas en su mayor oparte etílicas)de una insigne empresa de Navalcarnero. El objetivo es que tengan que reponer la iluminación fluorescente de los vagones del metro, y la tajada nos la llevamos nosotros, que de algo hay que vivir...

quint -

me parece bien! Seré MacaNocilla!!!¿¿quién se apunta para ser pisoteado por mí en un decorado de cartón hecho de piedra??

SR -

A Godzilla le pasó algo parecido cuando apareció, de las entrañas de la tierra, MechaGozdilla.

Lo cual, en el caso que nos ocupa, sería transpolable o incluso equiparable a la aparición de MachoGodzilla.

Pero amigos, que no cunda el pánico terror, pese a las llamaradas que asolan Tokyo y los llamamientos que aislan Madrid.

Para la próxima secuela ya están diseñando a MacaGodzilla.

quint -

Ayyy, chavales!!! me lo merezco por estar desmotorizado!!!!!! cuidarse, piticlines!!!!

Hematomawoman -

Jejejeje. No desistas guapo, "machos" hay muchos, pero sexyman como tú poquitos,jejeje...

Victor Olid -

Te entiendo bien, ya que cada día cojo esa misma linea.
Tengo que decir que utilizo la misma tecnica que tu, solo que yo me apoyo en la pared.
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