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el factor dorsal

En las mejores pantallas

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La mar de amor

 

“One girl, a pretty young groupie with red hair, was disrobed and tied to the bed. According to the legend of the Shark Episode, Led Zeppelin then proceeded to stuff pieces of shark into her vagina and rectum”

 

Hammer of the Gods A Led Zeppellin Biography By Stephen Davis

 

 

Este fue el primer texto (que preferimos no traducir) que descubrí al iniciar mi investigación. Pesquisas que me vi obligado a realizar tras ser agitado en mi conciencia por uno de los discos más asequibles y recopilatorios de Frank Zappa. “Cheap thrills” (Emociones baratas) era su nombre y su contenido tóxico no se ocultaba bajo las melodías de ninguna canción del disco, ni tras un malsano dibujo de sus habituales. Lo tremendo brotaba de una pista de diálogos (la número 7) que hablaba de raros y criminales acontecimientos, sucesos con míticos guitarristas, adolescentes pelirrojas y peces gordos en bizarra combinación.

 

Hipnotizado por la oscuridad y los secretos sin desvelar de la historia, mi cabeza hizo certero flashback y me trasladó de inmediato a la primera vez que vi “Tiburón”. Fue en mi imaginación en 1982, sobre una fina toalla deshilachada que dibujaba el cartel de la película, extendida sobre la arena de una abarrotada playa en Cullera (Valencia). Mi madre no me dejaba ver la película por su violencia estival (a mi hermano sí que le dejaba), pero yo me la imaginaba igual, secándome decúbito prono encima de aquél dibujo, mi cara a la altura de la joven nadadora y mi pequeño paquete Turbo sobre las fauces del enorme escualo emergente. Así empezó todo, claro.

 

Varios años después, cuando yo contaba unos 11, y llevándome una estupenda sorpresa, al fin pude verla tal cual, en inglés sin subtítulos desde el vhs de una academia de idiomas de Móstoles cuyo nativo profesor, sin motivo alguno, no paraba de enseñar los preservativos que tenía en el cajón de su mesa. Allí contemplé boquiabierto lo que mi santa madre me ocultaba pero aquella tele marrón madera escupía en formato inadecuado. Recuerdo sobre todo imágenes de un pie (sin dueño) que hacia ídem en el fondo del mar, y a ese sheriff de gafas grandes, camisa palo y bronceado westerniano que trataba de convencer a su ciudad sobre la insaciable amenaza que la acechaba.

 

De vuelta al siglo XXI y sin pensarlo dos veces (si lo hubiera hecho, esto simplemente no habría ocurrido), me decidí a engañar a mis colegas habituales para que me ayudaran a contar esta historia que iba a alterar el orden atacante/atacado de mi querida toalla, una en la que vi posible combinar con total libertad y ningún sentido tres de mis pasiones más dispares: Zappa, Spielberg y la pesca de bajura.

Raudos y prestos buscamos a un jefe Brody de aquí, con el mismo rostro, peinado y empeño incomprendido (el gran Iñaki Guevara), y a su oponente verbal, un amante de los animales que fuera capaz de entablar una lucha tan intensa en la habitación de un hotel como la que ocurre a bordo del Orca en la mítica película del 75 (el pequeño Julián López fue nuestra más clara opción, un clásico).   

 

Y lo hicimos. Vaya si lo hicimos, pero ay!. Superados los que creíamos mayores escollos del proyecto (“The shark is not working” no se escuchó nunca desde los walkies del rodaje y el Demonio del Este fue toreado con esmero) una extraña maldición llegó sin avisar. Una traición inconsciente (según los propios traidores) secuestró, con el afecto cosechado como rehén, nuestro mar de amor por muchos meses, poniendo con su censura en verdadero peligro la consecución de nuestros húmedos sueños.

Gracias a las manos de los Buenos la cosa se pudo arreglar y ahora, dos años más tarde, por fin está lista. Se acabó. Aquí la tenéis. No es lo que era pero es lo que es y se lo podéis enseñar a vuestras hermanas.

 

Ellas lo están deseando.

 

Miguel Ángel Macarrón

En un hotel de Seattle (Washington). Invierno de 2008.

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2 comentarios

Quint -

Aaaay, amiga! Lo que nos ha costao esta mierda. Ah, desde el miércoles podéis ver reportaje con breve entrevista a mi menda y afoto de Julián en las últimas páginas de la Gran Ilusión, la revista de los Renoir. Cogerse una que es gratis!!! Besongos!!

nosfe -

Plas,plas,plas. Costó lo suyo pero mereció la pena. Por fin podré borrar el maldito proyecto de mi ordenador, yijaaa!!! Besos y mordiscos (bueno estoy pensando que lo guardaré un par de meses más por si la maldición vuelve a hacer de las suyas)
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