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16/01/2006
La esencia roja
Colgando el teléfono conseguí darme cuenta de que Jeremiah no estaba bien pero yo tampoco. No. El bueno de Jeremiah no estaba bien. “No me gustan gordas, lo siento, lo siento, Mike...no creo que eso sea tan grave”. El impulsivo Jeremiah, terco como un buey y afortunado hasta hoy. “Me gusta ese Jeremiah, Mike. Parece de buen fondo. No todos tus amigos traen una tarta cuando vienen a verte, Mike. Creo que Jeremiah es el primero, Mike. Deberías tenerlo en cuenta”. Mi madre tenía razón: Jeremiah fue el primero en traer una tarta a casa. “Mira, Mike, yo lo entiendo. Sé que les pasa a muchas mujeres, engordan y ya está. Ocurre y lo entiendo pero que hago yo si no lo supero, ¿eh?. ¿Tengo que seguir con alguien así a la fuerza?”. Es probable que Jeremiah tuviera razón, ¿hay que estar con alguien a la fuerza?. No. Creo que no. “Claro que lo he intentado, Mike. Pero no es Jackie. No la Jackie que yo conocí, ¿vale?. Era modelo, Mike. ¡Modelo!”. El tabaco es algo potente, noto su poder a través del teléfono. Es casi tan potente como las tartas. “Mira, Mike, debes tomar una decisión ya. Si elijes ser biólogo está bien, es tu futuro pero no es una cuestión de vida o muerte. ¿Que piensa, Jeremiah sobre esto?”. El futuro. Nuestro futuro. “¿Quién quiso tener un crío?. Sabes bien que yo no, Mike. Lo sabes muy bien así que ahora no me veo obligado a cargar con las consecuencias. No has visto bien sus caderas, Mike”. “¿Has visto, Mike?. Me cambié el peinado. Jeremiah me dijo que me sienta estupendamente. Tiene buen ojo este Jeremiah...”. El futuro. Nuestro futuro. “Que el departamento no funciona, que el departamento no funciona...¿sabrán ellos algo del departamento?. Si lo quieren cerrar que lo cierren y ya me reiré yo en su puta cara, ¿sabes , Mike?”. ¿Cinco, seis cigarrillos en una hora?. “Tú no fumarás, ¿verdad, Mike?. Ya sabes lo de tu abuelo. No os pongais feos dos chicos guapos como vosotros. Venga, divertíos con cuidadito. Adiós, Jeremiah”. Jackie es muy guapa. Realmente guapa. Jeremiah se llevaba a las guapas. “No lo soporto más, Mike. No puedo llegar a casa y encontrarme lo que me encuentro. No puedo”. Yo tampoco. Llevo tres días sin salir de casa y lo veo todo rojo.31/01/2006
Fast woman slow horses

Es duro. Estoy molida. Llego a casa con el deber cumplido, con la satisfacción de saber que lo he conseguido, una día, una noche más, un rato más robando felices horas de sueño a los que miran, a los que quieren. Me voy quitando los complementos, los tiro a los pies de la cama. Ya queda poco, ya se está pasando, lo noto, me llega. Más allá de las precauciones del ministerio miro a mis pies sentada junto a la almohada y me agarro el cuello, hoy más rígido que otros días. Hablo para el nudo de mi corbata (hoy tocaba rollo ejecutivo) sin miedo a que mi seseo insular me descubra, levanto la vista hasta el techo y al bajarla veo como las manchas en mis manos comienzan a aparecer. Les siguen las estrías de mis pechos, el hilo de la papada y la redondez en las rodillas. La pastilla naranja cae en el medio vaso de agua y mientras se desvanece las bolsas aparecen bajo los ojos. En el cajón de la mesilla reviso la dosis de mañana, en su sitio, aún quedan. Me acabo de desvestir y mientras noto la leve progresión de mis caderas trago la mutación líquida de la pastilla naranja. Para entonces ella ya descansa en mi interior, preparada para volver a ser su opio, su descanso, su interés general. Para ser su símbolo, su desahogo, su barbaridad, , para eso se me creó, para eso amaneceré mañana. Para eso existo.

