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el factor dorsal

The yellow line. Epílogo.

The yellow line. Epílogo.

Así eran las cosas porque así se lo habían enseñado. Mirar pero no tocar. Esa era la base. Ese era el concepto. Desear pero no consumar, avanzar, probar, mirar, avanzar un poco más, dejarse llevar incluso, llegar hasta la raya amarilla, rozarla con cuidado si quieres pero ni un paso más. Él lo sabía y además conocía el porqué de la ley, la compartía incluso. Mal acaba lo que mal empieza y él sabía que para cada cosa hay unos tiempos,  unos procesos de maduración y enfriamiento del proceso anterior que no deben ser esquivados. La maldita raya amarilla. La invisible pero presente raya amarilla, la que se huele, la que se siente, la que se sube en tu hombro y te susurra en el momento en que la vas a ignorar. Lo malo, lo cruel de la raya amarilla, es que te deja ver más allá de sus fronteras, deja que la admires, te deja ver donde todo brilla, donde todo encaja bien. La raya debería ser definitiva, opaca, ocultadora de lo prohibido. Lo hace a mala leche. No se cuenta el dinero en casa del pobre. Lo que no se conoce no se desea. Puede que hasta te llamen desde el otro lado, puede que hasta tu espalda no esté mojada de verdad, que sólo sea el sudor de la ansiedad. ¿Y si cruzo sólo para llevarme lo que necesito? Lo cojo y vuelvo.

The yellow line

The yellow line

-         Bien sabe usted que eso que pide no es posible – dijo el sargento calvo con la voz en una caverna y los ojos en el informe de petición.

-         Lo sé pero es que lo mío es especial.

Los ojos del sargento se desplazaron lentamente hacia mí y un ligero arqueamiento de ceja me dejó bien claro que ya había oído eso en alguna parte.

-         Mire, sé que puede sonar raro y que la mayoría de los que vienen aquí mienten pero yo soy distinto.

-         Usted es distinto – dijo el oficial con ironía , ¿y por qué es usted distinto, si puede saberse?

-         Bueno, digamos que yo asumo las normas, las respeto, las apruebo y denuncio al que las infringe.

-         Bien ¿y entonces que hace aquí?

-         Soy distinto, ya le he dicho, y necesito que se haga una excepción.

Tras una breve pausa  en la que comprobó con su lengua algún recoveco del interior de sus carrillos, el oficial subió los codos a la mesa y comprobé el balanceo de su papada.

-         La raya amarilla no se puede cruzar.

-         Lo sé, lo sé pero mi caso es diferente. Mire, lo necesito, resulta que...

-         La raya amarilla no se puede cruzar.

-         Ya, ya le oí a la primera lo que pasa es que...

-         ¡La raya amarilla no se puede cruzar!

Me callé de golpe, un poco asombrado, la verdad. No había necesidad de tratar así a un ciudadano de bien.

-         Si no tiene nada más que decir...

-         Mire, nunca intenté cruzar la raya amarilla, lo puede comprobar supongo, le digo que entiendo por qué está y que estoy a favor de su funcionamiento pero esto es un caso diferente.

-         ¿Está usted sordo?

-         No, señor.

-         ¿Está seguro?

-         Sí, señor.

-         Pues entonces escuche y entienda que lo que pide no es algo negociable y que no lo conseguirá esta tarde.

-         Pues entienda usted que lo que pido supera todo lo establecido, sus normas, la raya amarilla y mi sordera.

-         ¿Se puede saber que es lo que pasa con usted, señor?

-         Estoy enamorado.

-         ¿Perdón?

-         ¿Quién es el sordo ahora?. Enamorado. Que estoy enamorado.

-         ¿Me toma el pelo?

-         Nop.

Tras una larga mirada del sargento directamente a mis ojos en la que yo me dediqué a observar el techo del cuartucho, el oficial descolgó el teléfono y tras marcar varios botones decidió volver a colgar sin decir nada.

-         Ejem , pero vamos a ver...dice que está usted enamorado...

-         Sí, señor.

-         ¿Y que tiene eso que ver con la raya amarilla?

-         Está allí.

-         ¿Quién está allí?

-         Quién va ser. Ella. Está allí. Al otro lado.

El rostro del oficial se tornó tormentoso y ofendido. Se irguió sobre la mesa con las palmas sobre ella, se estiró la parte frontal de la camisa sin dejar de mirarme y acudiendo esta vez a lo más profundo de su angosta voz se dirigió a mí con tono amenazante y abriendo los ojos cada vez más. La papada era ahora un columpio.

-        Señor, si está usted sugiriendo lo que creo que está sugiriendo le ruego abandone esta oficina y yo, generosamente, haré como si no hubiera escuchado nada en los minutos en los que ha permanecido aquí. 

-         No, mire, ya basta de hacernos los sordos usted y yo. Le digo que quiero cruzar la raya amarilla porque estoy enamorado y quiero encontrarme con ella.

-         ¡¡¡¡La raya amarilla no se puede cruzar!!!!!!!!!

-         Ya le digo que los argumentos son poderosos. Quiero cruzar hoy.

El humo casi salía por las orejas del sargento y una gota de sudor resbalaba por una de sus orejas hasta quedar a modo de pendiente y balanceándose. Como hipnotizado por la cabriola, no fui capaz de seguir mis argumentaciones hasta que no vi la gota caer, primero al vacío y luego a  la mesa separándose silenciosamente en muchísimas microgotas.

-         Hoy le digo.

-         Cabo, llévese al caballero de mi vista y asegúrese que abandona el recinto.

Un jovencísimo y enclenque chico uniformado, de cuya presencia no me había percatado, me cogió por los hombros ante mi resistencia y poniendo todo su empeño me fue arrastrando hasta la puerta.

-         No!, no puede hacerme esto!! La he comprado flores y todo!!!!

Con un portazo mis gritos se fueron apagando y volví a la cruda y absurda realidad que  no pude soportar.

Nadie comprendió lo sucedido. Nadie lo esperaba. Nadie quiso siquiera enterarse. Nadie pudo sospechar. Nadie salía de su asombro. Nadie se sintió culpable. Nadie pudo hacer nada.

Nadie, salvo aquél sargento de guardia o el flaco cabo becario, conoció el verdadero motivo de mi suicidio.

Ni siquiera ella.

La raya amarilla digo.  

Las recomendaciones de Quint (Vol. 1)

Las recomendaciones de Quint (Vol. 1)

In the jungle, brother

In the jungle, brother

"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:     JAMES BROWN


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TODOS LOS JUEVES DE 21.00 A 22.00 ¡Y LOS DOMINGOS A LA MISMA HORA ¡REPETIMOS!!!!

Un año de aleta

Un año de aleta

Pues sí...parece que fue ayer cuando un pequeño y joven y rubio Little Blondie aceptaba con agrado la responsabilidad de compartir la administración de esa cosa en Internet que se estaba poniendo de moda y que, para nuestra suerte y la de nuestro bolsillo era gratis.  Ahora, y es una alegría, los blogs son como el culo, todo el mundo tiene uno (hasta el ínclito Carlos Sobera) y son uno de los reductos libertinos más claros de todo esto de los mass media. Después de un año de enseñar la aleta con la mala leche con la que sólo Quint supo enseñarnos, uno tiene, sobre todo, dos preguntas que hacerse: ¿Por qué Little Blondie, cuál Germán Coppini de Siniestro Total,  abandonó el barco de buen grado y sin tensiones a la primera ola? y ¿Por qué hay un huevo de seres humanos (amiguitas) que, visitando la bitácora con asiduidad "se niegan" a escribir comentarios aunque les interese lo que se trate?. Probablemente, apuesto por ello,  la respuesta sea la misma para las dos preguntas pero quiero que me ayuden a descifrar el enigma al tiempo que les agradecezco su ración de atención, amor, insultos, indiferencia, rencor y abandono con los que me han demostrado que yo existo, que ustedes existen y que todos estamos fatal.

 

Oye, oye, mío, mío!!

Oye, oye, mío, mío!!

"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:     NEIL YOUNG


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Eres la razón por la que vivo...solo

Eres la razón por la que vivo...solo

Llegó y se rompió la cabeza nada más llegar. Con el quicio de la puerta. Me echó la culpa a mí, pensó que eso no tenía que estar ahí, que eso sólo pasaba en las casas de los enanos, que las puertas no podían ser tan pequeñas y que le trajera hielo. Con el efecto de los cubitos en el moratón de la frente se agrió más su carácter y me dijo que no se podía alquilar una casa así, por las buenas, sin mirar bien las condiciones, sin que la vieran los que saben. Cuando le dije lo que pagaba y las condiciones del alquiler, los ojos abiertos y los labios cerrados me dijeron que le parecían razonables, no así los quicios de las puertas, que además eran blancos. Yo le dije que los pisos de alquiler siempre tienen alguna pega, ellos o la casera. Se sentó en el sofá y con cara compungida buscó en su bolso y sacó un calmante. Me pidió con urgencia un vaso de agua cuando ya se lo había metido en la boca y el deshecho empezaba a llegar a la lengua. Llegué ligero a la cocina, abrí el grifo y llené el vaso. Lo traje arriesgando derramarlo y se lo di cuando ella parecía no poder soportar el amargor. Con un seco y radical meneo de nuca consiguió la mezcla precisa y, tras respirar después del largo trago, me dijo que el agua estaba turbia, que ya eran dos pegas para el piso. Yo le dije que si la dejabas correr un poco se pasaba y ella me contestó que con la sequía no se podía hacer eso. Que no fuera irresponsable. Mientras ella miraba el techo con detalle, me fijé en una gota que resbalaba por el culo del vaso, hice intención de recogerla con el dedo, para no ser un irresponsable, pero ella giró la mano cuando algo en el rodapié llamó su atención. De una patada seca que me asustó un poco comprobó su consistencia y, bebiéndose de un golpe los restos de agua blanquecina, me dejó el vaso en la mano sin mirarme. Desde dentro de mi habitación me comentó a voces la gravedad de colgar posters y otras zarandajas de la pared, que por detrás se formaban ácaros. En el salón, de pie y con el vaso vacío sujeto por las dos manos, la escuché  toquetearlos, agitarlos, incluso hacerles pequeñas rajas por intentar mirar por debajo. Después de un momento de sospechoso silencio en el que tragué varias veces salió decidida y esquivando esta vez. Cogió su bolso, me miró un par de segundos desde sus cientonoventa y cinco centímetros y se lo colgó del hombro derecho. Me dijo que por lo menos comiera bien y salió del piso semiagachada. Mi hermana lo intentó, llegó hasta a darle un cabezazo pero no consiguió sacarme de quicio.

 

Cordura

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"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:      MADNESS


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El amigo ronco de Drácula

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"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:      TOM WAITS


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No conduzcas ciego

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"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:         STEVIE WONDER


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I´m just a jealous girl

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¿Cómo?...pero...qué me estás contando...(...) por Dios, pero por favor...(...) ¿ pero qué ha pasado...? (...) pero no puede ser...¿y dónde...? (...)...voy para allá...
El silencio de la madrugada, con sus manos en la cara primero y los dedos en las cuencas de los ojos después, dejaba bien a las claras que algo no iba bien. Seco y directo, Raúl lo disparó sin más.
- Ana ha muerto.
El cacharro parecía no querer andar. Demasiado lento para una autovía, el coche de Raúl aparentaba no querer llegar a su destino. Al volante y con la mirada fija en el asfalto, pude ver en el rostro recién duchado de Raúl como sus diez años de relación con ella pasaban por delante. Mientras disimulaba arreglándome el pelo en el espejo retrovisor me llegó el primer latigazo. Una sensación extraña, eléctrica.
La primera persona que le abrazó a la entrada del velatorio fue la hermana. Parecida a ella en fotos y con la nariz rojiza y ensanchada del sofoco, dió a Raúl unas escuetas explicaciones sobre el suceso que me parecieron torpes e imprecisas. Decidí quedarme en un segundo término cuando comprobé la expectación provocada por nuestra silenciosa llegada. Treintañeros y señoras de avanzada edad necesitaron mirarle dos veces para descubrir al educado y apuesto joven que conocieron hace más de un lustro y que se desfiguraba bajo una sincera amargura. Tras dar la mano a dos desconocidos, Raúl se derrumbó cuando se encontró con Isabel. En medio de su abrazo, sentí el segundo punzamiento. Mientras los miraba pensé que nunca me cayó bien la tal Isabel. Raúl me había contado, una noche que acabamos en bronca, las juergas de los tres, sus escapadas a una playa nudista en Almería y su espontaneidad y desparpajo para alegrar momentos imposibles. Me alegré de que esta vez no fuese capaz de solucionar el problema con su gracejo. Raúl se fue serenando poco a poco y tras el último trago con los padres se encaminó a mi neutral posición.
Nunca le había visto llorar. Nunca. Jamás. Serio, intenso, afectado, cercano y sensible pero no llorando. Al verle perdido por dónde guardarse el clinex, se lo recogí de la mano y lo agarré con fuerza en la mía mirándole fijamente, como echándole en cara su nueva sensibilidad y desahogando mis fuerzas de paso. A la llegada de caras que recordaba haber visto en videos y más fotos, Raúl se volvió a mostrar muy débil y yo me sentí obscena por mi molestia. El tercer latigazo me llevó a imaginarles juntos y sonrientes antes de conocerme y a pensar en la buena pareja que hacían, los motivos de su ruptura y la poca similitud con nuestros problemas actuales. Pensé en mi futuro con Raúl, en un sofá con una tele, en unos extraños niños y en lo que él hubiera sentido si hubiera sido yo la elegida, en si lo habría sentido tanto. En si habría llorado. El cuarto latigazo vino acompañado de una extraña sensación de placer cuando oí a unos señores salir del velatorio hablando de Ronaldinho. “Es la poya” decía uno y soplaba agitando la cabeza admirado a la vez que el otro asentía consecuente. Me alegré mucho de que alguien frivolizara la muerte de ella, que fueran allí a cumplir y no sintieran de veras la pérdida. Que hablaran de poyas en el día de su muerte. Les seguí hasta la cafetería del tanatorio con una sonrisa en los labios al acordarme de unos viejos amigos que venían allí a terminar la fiesta cuando les cerraban los bares. Sin embargo y a pesar mío, al encontrarme a Raúl llorando con su madre enfrente de dos tilas me avergoncé de mí misma. Fijé la vista en el hilo colgante de la taza y me sonrojé. Luego me dió igual. En realidad me sentía muy humana. Una humana que nunca se había enfrentado a un fantasma.

I got the six...gimme your nine!

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"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:         ZZTOP


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La hermosura de la redundancia

La hermosura de la redundancia

"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:         DANNY ELFMAN


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El novio del piano más guapo

El novio del piano más guapo

"MELOCOTONES EN REGALIA"

Hoy:         ELVIS COSTELLO


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Fast woman slow horses

Fast woman slow horses

Es duro. Estoy molida. Llego a casa con el deber cumplido, con la satisfacción de saber que lo he conseguido, una día, una noche más, un rato más robando felices horas de sueño a los que miran, a los que quieren. Me voy quitando los complementos, los tiro a los pies de la  cama. Ya queda poco, ya se está pasando, lo noto, me llega. Más allá de las precauciones del ministerio miro a mis pies sentada junto a la almohada y me agarro el cuello, hoy más rígido que otros días. Hablo para el nudo de mi corbata (hoy tocaba rollo ejecutivo)  sin miedo a que mi seseo insular me descubra, levanto la vista hasta el techo y al bajarla veo como las manchas en mis manos comienzan a aparecer. Les siguen las estrías de mis pechos, el hilo de la papada y la redondez en las rodillas. La pastilla naranja cae en el medio vaso de agua y mientras se desvanece las bolsas aparecen bajo los ojos. En el cajón de la mesilla reviso la dosis de mañana, en su sitio, aún quedan. Me acabo de desvestir y mientras noto la leve progresión de mis caderas  trago la mutación líquida de la pastilla naranja. Para entonces ella ya descansa en mi interior, preparada para volver a ser su opio, su descanso, su interés general. Para ser su símbolo, su desahogo, su barbaridad, , para eso se me creó, para eso amaneceré mañana. Para eso existo.

La esencia roja

La esencia roja

Colgando el teléfono conseguí darme cuenta de que Jeremiah no estaba bien pero yo tampoco. No. El bueno de Jeremiah no estaba bien. “No me gustan gordas, lo siento, lo siento, Mike...no creo que eso sea tan grave”. El impulsivo Jeremiah, terco como un buey y afortunado hasta hoy. “Me gusta ese Jeremiah, Mike. Parece de buen fondo. No todos tus amigos traen una tarta cuando vienen a verte, Mike. Creo que Jeremiah es el primero, Mike. Deberías tenerlo en cuenta”. Mi madre tenía razón: Jeremiah fue el primero en traer una tarta a casa. “Mira, Mike, yo lo entiendo. Sé que les pasa a muchas mujeres, engordan y ya está. Ocurre y lo entiendo pero que hago yo si no lo supero, ¿eh?. ¿Tengo que seguir con alguien así a la fuerza?”. Es probable que Jeremiah tuviera razón, ¿hay que estar con alguien a la fuerza?. No. Creo que no. “Claro que lo he intentado, Mike. Pero no es Jackie. No la Jackie que yo conocí, ¿vale?. Era modelo, Mike. ¡Modelo!”. El tabaco es algo potente, noto su poder a través del teléfono. Es casi tan potente como las tartas. “Mira, Mike, debes tomar una decisión ya. Si elijes ser biólogo está bien, es tu futuro pero no es una cuestión de vida o muerte. ¿Que piensa, Jeremiah sobre esto?”. El futuro. Nuestro futuro. “¿Quién quiso tener un crío?. Sabes bien que yo no, Mike. Lo sabes muy bien así que ahora no me veo obligado a cargar con las consecuencias. No has visto bien sus caderas, Mike”. “¿Has visto, Mike?. Me cambié el peinado. Jeremiah me dijo que me sienta estupendamente. Tiene buen ojo este Jeremiah...”. El futuro. Nuestro futuro. “Que el departamento no funciona, que el departamento no funciona...¿sabrán ellos algo del departamento?. Si lo quieren cerrar que lo cierren y ya me reiré yo en su puta cara, ¿sabes , Mike?”. ¿Cinco, seis cigarrillos en una hora?. “Tú no fumarás, ¿verdad, Mike?. Ya sabes lo de tu abuelo. No os pongais feos dos chicos guapos como vosotros. Venga, divertíos con cuidadito. Adiós, Jeremiah”. Jackie es muy guapa. Realmente guapa. Jeremiah se llevaba a las guapas. “No lo soporto más, Mike. No puedo llegar a casa y encontrarme lo que me encuentro. No puedo”. Yo tampoco. Llevo tres días sin salir de casa y lo veo todo rojo.

No le pidas metadona a una cajera de Mercadona

No le pidas metadona a una cajera de Mercadona

Lo decía Hernández el otro día desde su exilio folk en el programa de libros de la 2. Considerando (barruntando) que ustedes saben lo que es un libro y que por tanto es probable que sepan leer y que si no fuera así poco les importará este torpe juntamiento de letras, les invito a una breve reflexión/elección sobre/entre el castillo de Gredos o el rioja, lo auténtico o lo apañao, la tienda de importación o el top manta, en definitiva, sobre las peras o los olmos. El point is: ¿le pedimos demasiado a las cosas que se nos van ofreciendo a cambio de un coste (pasta, esfuerzo, repercusión...) mínimo?. Parece que sí pero parece que no. Todo el que se compra un boli en Los Chinos está feliz porque están de saldo para siempre pero al tiempo quiere que le pinte como es debido, no vaya a ser que le haga pegotones de tinta en aquél memorandum tan importante que le encargó el subsecretario. Exigencia superior a mercado al que se acude. Lo cierto es que todos estamos ahí porque nadie tiene un duro (bueno, algunos tienen demasiados duros y nos caen fatal) y debemos asumir las consecuencias que pueden llegar en una probabilidad relativa. ¿Lo barato sale caro?, ¿lo fácil se vuelve dificíl?, ¿lo inaccesible accesible?, ¿anula las jaquecas el paracetamol genérico?, ¿son en realidad tan apañados los productos Hacendado?. Preguntas sin respuesta pues el Google se ha comido a la Larousse y el onanismo al amor. Ahora los niños estudian “Cono” (Conocimiento del medio) en vez de cosas con más abolengo que no están en el medio sino mucho más allá y que no son inmediatas. Esto se parece a un sinvivir: por un lado estamos embutidos en un especie de síndrome de Estocolmo que nos conforma ante la mala calidad del alrededor y por otro nos acosa una ultratecnología agobiante. ¿Retrofuturo?. Este es nuestro nuevo viejo mundo...pero es que lee Divx, oiga.

Más allá de la cópula del trueno

Más allá de la cópula del trueno

 

Pues sí, pues sí.
Cuando creíamos que el amor se había extinguido de la faz de la tierra, cuando adivinábamos que la noche se cernía sobre nosotros, cuando el crujir de los cielos y el rugir de las bestias borraban cualquier atisbo de generosidad que asomara de entre lo oscuro...aparecieron ustedes.
Sin tener en cuenta la infame intención que guardan nuestros propósitos ni el maléfico fin que perseguimos con nuestras mentiras, ustedes, Almas Puras Sin Recovecos accedieron de buen grado a acompañarnos en este obsceno viaje que, pese a parecer en la mayoría del tiempo una actuación de Pimpinela, les proporcionará un puñado de disgustos y alteraciones en el sueño.
Porque ustedes son distintos, especiales, brillantes y deslumbrantes nos dan todo su talento para que nosotros lo cojamos, lo arropemos, lo arruguemos y a veces lo ensuciemos en pro de una maquiavélica visión que nos hace vampirizar las aptitudes de los demás hasta prostituirlas.
Porque ustedes son distintos, especiales, brillantes y deslumbrantes nosotros nos cobijamos bajo su sombra evitando el tueste de la mediocridad, la quemazón del suspenso. Nos acercamos todo lo que podemos, más incluso, para sentir su sapiencia, su maña y su candor, víctimas del hechizo de sus encantos que no nos dejan ver nuestra sosa realidad.
Porque ustedes son distintos, especiales, brillantes y deslumbrantes han caído en el lodo.
Porque ustedes son distintos, especiales, brillantes y deslumbrantes...gracias a TODOS. 

Sweet dreams are made of this

Sweet dreams are made of this

 

¿Han tenido alguna vez una pesadilla en la que los monstruos son gente con dos ojos en la cara y diez dedos en las manos? Es más,¿han tenido ustedes alguna pesadilla en las que el despertar no es, como dicen, bañado en sudor frío a las cuatro de la mañana sino seco, directo, devastador y a la una de la tarde? Es mucho más, ¿han tenido ustedes alguna pesadilla en la que el pesadillador sea conocido, apreciado y con imagen positivonegativa en nuestro subconsciente emocional y en el sueño aparezca como tal pero actuando de una manera aterradora sólo para nuestros ojos? Es muchísimo más, ¿han tenido ustedes alguna pesadilla en la que todo lo que hemos dicho se torna realidad a la una y cuarto al traducirlo al idioma de la convivencia racional y asumida entre seres humanos?.Si es así, están ustedes señalados, marcados y definidos de por vida, obligados a divagar en el mundo de la nada existencial y el todo racional y sometidos a su propia sospecha sobre los otros a la vez que se muestran ante ellos como almas cándidas a las que se puede abofetear. Ese sol de mediodía que se agita sobre sus rostros y que les hace avergonzarse si sus vecinas les ven de tal manera y con aspecto de no levantar nuestra patria provoca en ustedes, amigos del dadá, un colapso en el mecanismo accionador de las reacciones básicas de un tipo en el siglo veintiuno. Estas son gritos, multiactividad, ambición, lujuria y muchos etcéteras que ustedes no llevan consigo. Si las bombonas de butano son algo que les saca de sus casillas (incluso del edificio si no las vigilan) y atraviesan la vida cual casco de ciclista techno superaerodinámico... no me dirijan la palabra.



Follow the fellow who follows a dream

Follow the fellow who follows a dream

Lo cierto es que es casi como un reaprendizaje de lo que sacaste en claro de joven. Remoralizarse por segunda vez es lo que es. La primera remoralización viene con la adolescencia, cuando transgredes (algunos mas que otros) el bien, cuando te pasas por el forro las cosas que te han pintado maléficas y que no ves por que. Los bamboleos de nuestra existencia nos llevan, sobre todo a ciertas edades fronterizas en las que ya se viene de vuelta de las ilusiones juveniles, a reeducar nuestra valoración acerca de las cosas porque, sorprendentemente no son como creímos o como nosotros mismos nos habíamos pintado para ser felices. La duda como método es donde nos instalamos y no creo que nos lo podamos permitir. El anestesiamiento generacional al que pertenezco no permite ver más allá de nuestras largas napias judías. Creemos que vemos mucho porque los de antes veían menos pero nuestro análisis no deja de ser vago, como de listillo repelente “a mí no me la dan” e incorrecto. Desde las posturas más conservadoras (política aparte) hasta las más visionarias, independientes, transgresoras o inquietas el tufillo que desprendemos es totalmente positivo y negativo a la vez. Si desde una posición de orgullo existencial (esta es: yo sé lo que quiero, es ambicioso pero estoy dispuesto a pasar temporadas en el infierno hasta llegar al escalafón que me he propuesto) los años cuentan en contra ya que el triunfo se presupone juvenil, desde la postura sampedriana de río que me lleva los hechos se aparecen uno tras otro a una velocidad de infarto colocándote en un santiamén en un sitio en el que deberas quedarte de por vida. Sí, de por vida si las cosas salen bien porque si no, te verás solo y en tus zapatos, maleta de cuero en ristre regresando a la postura de orgullo existencial a una edad en la que los orgullosos se estan bajando los gayumbos al unísono porque el río les ha empapado los bajos. Visto así no tenemos salida salvo que la vida nos sonría más que el logotipo de Matutano y eso les pasa solo a los elegidos. Estos ya se encargarán los muy cabrones de publicitar su opción como normal, común, que todo el mundo tiene si quiere y que es la más decente, la que te salva de la duda, la buena. En medio de este bonito mundo de gentes de tan diferente calaña (y mutando) hay otro concepto al que enfrentarse en el vaivén posicional que nos afrenta cada día: nuestros archivos. Ellos nos han catalogado el coco con etiquetas que se pegan poniendo nombres a las cosas para un mayor entendimiento y ubicación de lo que ofrce el panorama. Esto es comida. Esto es vecina. Esto es trabajo. Esto es amiga. Esto es novia. Esto es mamá. Esto es papá. Esto es bueno. Esto es malo.  Pero no, hermanos y hermanas. La comida que ahora comes no es comida, las vecinas que ahora tienes no son vecinas (no con esos pelos), los amigos son amigos, las amigas pueden ser novias y las novias Dios sabe lo que son. Es como cambiar el filtraje a la vida. Lo peor es que cada uno cambia el filtro sin consultar con los otros y de ahí la desincronización.  Hoy que hemos hecho tesis del techo de la habitación deberíamos desprendernos la via del brazo, coger nuestros relojes, colocar la misma hora, sonreir y buscar un fin inmediato y trascendente para nuestras vidas. Algo que nos una sin dudas y que nos llene de veras nuestros corazones, algo importante de verdad. Un acto que nos vuelva a reconsiderar como seres humanos iguales pese a los escollos vitales y nos haga ser uno por un momento.

Voy a por un Martini.