Decía William Campbell, el doble de Paul McCartney, en su comparativa con el ayer, que no es ni la mitad de hombre de lo que solía ser. Mascullando sus palabras uno llega a la conclusión de que los hombres, llamados también Humanos, caminan sin preocupación haciendo el moonwalker de Michael Jackson. Intentando seguir el curso marcado por el olor de los bollos, el Humano cree caminar hacia adelante, firme, altivo, sorteando pedrolos puestos a mala leche y sacándoles la lengua al dejarlos atrás, pero retrocede en realidad y sin darse ni puñetera cuenta. En este avance vital, el Humano común asume, porque se lo han dicho, que mientras camina está adquiriendo competencia, madurez, temple, instintos y hasta un poso esencial, un mojo, como un diploma de la Verdad que te hace mirar tus años en los juveniles por encima del hombro mientras empuñas la pipa con una mano y el Abc con la otra. Nada es cierto. El Humano avanza destruyendo, aniquilando eso que se le supone adquirido practicando un proceso involutivo que merma de a poco sus virtudes, recaurchutándolas en una especie de fachada trolera semitranquila con demonios latentes debajo. Parece que Caminar no sea más que un flojo remake de "El Increíble Hombre Menguante" en el que la valoración positiva del término "experiencia" se discute sin parar y en el que a toda pastilla, la adición de los Días resulta una sustración de lo Humano. Vamos, que cada día nos vemos menos, cada día salimos menos, cada día bebemos menos, cada día hablamos menos, que cada día somos menos. Hermanos tullidos, prueben a andar hacia atrás como Jacko, o como los marchistas olímpicos, prueben a resistirse al Devenir. Les deseo suerte. Yo no tengo su problema. Soy una bicicleta.